El Mercosur está dando un paso importante para adaptar la integración regional a la economía digital. El bloque cuenta con un Acuerdo sobre Comercio Electrónico destinado a facilitar las operaciones digitales entre los Estados Parte, reducir barreras y establecer reglas comunes para empresas y consumidores. Entre sus principales disposiciones figura la prohibición de imponer derechos aduaneros a las transmisiones electrónicas, junto con el reconocimiento de firmas digitales, la protección del consumidor, la libre transferencia de información por medios electrónicos y la cooperación para ampliar las oportunidades de las micro, pequeñas y medianas empresas. El acuerdo fue aprobado por la Decisión CMC N.º 15/2020 y firmado posteriormente el 29 de abril de 2021.
La importancia de esta normativa está relacionada con un cambio profundo en la forma de hacer negocios. El comercio entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay ya no depende exclusivamente de mercancías que cruzan físicamente las fronteras. Una empresa puede vender software, servicios profesionales, contenidos digitales, publicidad, diseño, consultoría o productos mediante plataformas electrónicas sin necesidad de establecer una estructura física en el país de destino. El Mercosur reconoce esta transformación y busca construir condiciones jurídicas que permitan que esas operaciones se desarrollen con mayor previsibilidad.
Uno de los puntos centrales es la prohibición de aplicar derechos aduaneros a las transmisiones electrónicas. Esto resulta particularmente relevante para una economía en la que una cantidad creciente de operaciones se realiza mediante internet. El objetivo es evitar que las transmisiones digitales sean tratadas como si fueran mercancías físicas sometidas a nuevos aranceles simplemente por cruzar una frontera de manera electrónica. La medida puede favorecer especialmente a las empresas que ofrecen servicios digitales y a los emprendimientos que nacen directamente con una vocación internacional.
El acuerdo también establece el reconocimiento de las firmas electrónicas, una herramienta fundamental para que contratos, autorizaciones y operaciones comerciales puedan realizarse a distancia. La digitalización de estos procesos puede reducir costos administrativos y acelerar negocios que anteriormente exigían documentos físicos, desplazamientos y trámites presenciales. Para una pequeña empresa, esa diferencia puede ser determinante a la hora de decidir si resulta viable vender en otro país del bloque.
Otro elemento fundamental es la libre transferencia de información por medios electrónicos, acompañada de reglas que buscan impedir que una empresa tenga que instalar servidores obligatoriamente dentro del territorio de cada país como condición para desarrollar determinadas actividades comerciales. Esta disposición tiene especial relevancia para empresas tecnológicas y plataformas digitales que trabajan con infraestructura informática distribuida internacionalmente.
La normativa también incorpora una dimensión de protección del consumidor, porque la expansión del comercio electrónico necesita generar confianza. En junio de 2026, el Grupo Mercado Común aprobó la Resolución GMC N.º 17/2026, que actualiza el marco regional de protección del consumidor en el comercio electrónico y deroga las resoluciones anteriores de 2004 y 2019. Sin embargo, existe una cuestión importante: según el registro oficial del Mercosur, esta resolución todavía requiere incorporación nacional y figuraba sin incorporación registrada en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Esto demuestra una diferencia que debe ser explicada claramente: aprobar una norma del Mercosur no significa necesariamente que sus disposiciones ya estén aplicándose de manera idéntica en los cuatro países. El sistema jurídico del bloque exige que determinadas normas sean incorporadas a los ordenamientos nacionales antes de adquirir plena vigencia. Por eso, el proceso de integración digital todavía requiere pasos nacionales para que las empresas puedan contar con un marco verdaderamente uniforme.
La cuestión es particularmente importante para las micro, pequeñas y medianas empresas, que aparecen expresamente entre los sectores que el acuerdo busca beneficiar. Una empresa pequeña puede tener un producto competitivo pero carecer de recursos para instalar oficinas, contratar representantes o mantener estructuras comerciales en cada país. Internet reduce esa barrera, y un marco regional que facilite pagos, contratos, protección del consumidor y operaciones electrónicas puede permitirle acceder a clientes de todo el Mercosur con una inversión considerablemente menor.
El proceso también está acompañado por la digitalización de las aduanas y de los procedimientos de comercio exterior. En junio de 2026, el Comité Técnico de Asuntos Aduaneros y Facilitación del Comercio del Mercosur analizó avances en la transformación digital de los procesos aduaneros, la gestión coordinada de fronteras y el intercambio de información entre los Estados Parte. La meta es que la integración digital no se limite a las empresas privadas, sino que también alcance a las instituciones públicas encargadas de controlar y facilitar el comercio.
Este proceso puede tener un efecto directo sobre la competitividad regional. Una empresa no puede beneficiarse plenamente del comercio electrónico si, después de concretar una venta digital, encuentra procedimientos aduaneros lentos, diferentes requisitos en cada frontera o sistemas administrativos que no se comunican entre sí. Por eso, la digitalización de las aduanas y la armonización de las reglas son dos caras de la misma transformación: una facilita que el negocio se concrete y la otra permite que la operación comercial pueda ejecutarse con menor burocracia.
El Mercosur también está llevando esta agenda hacia sus relaciones con terceros países. El Acuerdo de Libre Comercio Mercosur–Singapur, que comenzó a aplicarse para Brasil el 1 de agosto de 2026, contiene un capítulo específico sobre comercio electrónico. Esto demuestra que la agenda digital ya forma parte de la estrategia comercial externa del bloque y no solamente de su integración interna. El Mercosur está intentando construir reglas que puedan servir tanto para el mercado regional como para sus futuras relaciones económicas con Asia y otras regiones.
Para Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, el desafío será evitar que la economía digital avance más rápido que la regulación. Las empresas ya están realizando operaciones transfronterizas, utilizando inteligencia artificial, plataformas digitales, almacenamiento en la nube, pagos electrónicos y servicios remotos. Si las legislaciones nacionales evolucionan de manera aislada, pueden aparecer nuevas barreras que contradigan el objetivo de integración. La armonización regional puede ayudar a evitar que internet, que eliminó muchas fronteras comerciales desde el punto de vista tecnológico, vuelva a encontrarlas en forma de burocracia.
También será necesario atender cuestiones como ciberseguridad, privacidad, protección de datos, fraude electrónico y comunicaciones comerciales no solicitadas. El acuerdo contempla precisamente mecanismos relacionados con la protección de usuarios frente a comunicaciones comerciales no solicitadas y establece cooperación entre los países para intercambiar experiencias, información y datos. La intención es que la apertura digital no se produzca a costa de la seguridad de quienes participan en ella.
La transformación puede ser especialmente importante para sectores que tradicionalmente tuvieron dificultades para internacionalizarse. Un diseñador argentino, un desarrollador brasileño, una productora audiovisual paraguaya o una empresa uruguaya de servicios tecnológicos pueden vender directamente a clientes de otros países sin necesidad de transportar una mercancía física. Si el Mercosur consigue reducir los obstáculos regulatorios y administrativos, el comercio regional puede incorporar miles de nuevos actores que anteriormente estaban prácticamente excluidos del intercambio internacional.
Pero existe una condición fundamental: las reglas deben llegar efectivamente a las empresas. No basta con que los acuerdos sean aprobados en las instituciones del Mercosur. Las compañías necesitan información clara sobre cómo utilizarlos, qué derechos tienen, qué obligaciones deben cumplir y qué procedimientos deben seguir. De lo contrario, las ventajas quedan concentradas en las grandes empresas que cuentan con departamentos jurídicos y de comercio exterior capaces de interpretar las normas.
El Mercosur está entrando, de esta manera, en una nueva etapa de integración en la que las fronteras comerciales ya no pueden analizarse solamente desde el movimiento de camiones, barcos y mercancías. El crecimiento del comercio electrónico obliga al bloque a crear reglas para contratos digitales, firmas electrónicas, transferencia de información, protección de consumidores, operaciones empresariales y ausencia de aranceles sobre transmisiones electrónicas. El desafío ahora es convertir esos principios en una realidad homogénea en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, completando la incorporación de las normas y reduciendo las diferencias regulatorias nacionales. Si ese proceso avanza, una pequeña empresa podrá mirar al Mercosur no como cuatro mercados separados, sino como un espacio regional mucho más accesible para vender productos y servicios desde una computadora. Esa puede ser una de las transformaciones más profundas de la integración sudamericana en las próximas décadas.
La entrada Mercosur avanza hacia un mercado digital común y establece nuevas reglas para las empresas se publicó en Prensa Mercosur.
Gilson Dantas Carmini
Fuente de esta noticia: https://prensamercosur.org/2026/08/26/mercosur-avanza-hacia-un-mercado-digital-comun-y-establece-nuevas-reglas-para-las-empresas/







