Antes de hablar de la gira de Arde Bogotá, quisiera contar una historia. Hace ya tres años —o cuatro— entrevisté a la banda para otro medio en las oficinas de Sony. El grupo se encontraba en proceso de promoción del exitoso Cowboys de la A3 y mantenía el look de ese disco: chupas de cuero y cabello largo. Pero en mitad de la conversación, el grupo se distrae, se queda viendo la imagen de la persona detrás de mí, una figura clave para la banda: Carlos Vives.
Si cuento la anécdota es porque ese contraste es clave para la banda. El contraste entre el rock de vieja escuela, que bebe de los mejores momentos de Bunbury o de Héroes del Silencio, pero que también permite una emocionalidad fuera de lo común dentro de las bandas de rock de su generación. Entre rock y emociones, guitarras distorsionadas y ganas de llorar.
Todo eso ha estado presente en su último ensayo de los ‘Hervideros’. El grupo invitó a la prensa, a sus amigos y a algunos músicos clave de la escena madrileña, como Alcalá Norte, a La Riviera de Madrid. El resultado es una explosión entre la emocionalidad y la pose de rockeros clásicos, que transforma esta nueva gira de la banda en un momento clave para el grupo.

Entre el rock duro y la emocionalidad
Lo cierto es que el disco que están promocionando, Manufacturas del Club de la Gente Sola, vive en esos contrastes. El mejor ejemplo, y una de las mejores canciones de su puesta en escena, es ‘Instrucciones’, que pasa por imitar el sonido de un corazón latiendo a gritar con toda la fuerza del mundo. Es un contraste que también se evidencia en la puesta en escena de sus ‘Hervideros’, una gira en la que han pasado de las arenas a las salas, acercando a sus fans todo lo posible, incluso haciéndolos parte del escenario, sin influencers de por medio.
Tomando el escenario con la canción que da título a su gira, ‘Hervidero’, los cartageneros demuestran desde el minuto uno que han aprendido a controlar el escenario a gusto, y que son capaces de construir momentos de euforia compartida. Estábamos invitados al «Club de la Gente Sola», pero pocas veces se está mejor acompañado.
Durante la siguiente hora, el grupo paseó por su nuevo disco. Se evidenció tanto la mejora técnica de la banda como su conexión con el público, ayudado por el hecho de que Antonio se ha convertido en uno de los mejores frontmen del nuevo rock español, un cruce entre Enrique Bunbury en su etapa de Héroes del Silencio con algo de la versión crooner de Alex Turner. Es seductor por momentos, como en ‘Judas’, y emocional en otros, como en ‘Sacude’ o ‘Bigger Splash’. Se suma que, como cualquier gran vocalista del rock, no tiene miedo de hacer el ridículo ni en sus letras —donde puede comparar con «Gengar y Clefairy» o usar la palabra «tractomula»— ni en el escenario, donde se siente cada vez más cómodo y más libre.
Ayuda, claro, que las nuevas canciones son buenas. En el disco y en el escenario saben construir poco a poco y llevar al público hasta una explosión emocional entre guitarras distorsionadas. Allí está la puesta en escena de ‘Antifiesta’, o de ‘Olivos’, que crece en esa explosión gracias al público en el escenario.
La colección de éxitos de Arde Bogotá
Tras cerrar su repaso del nuevo disco con ‘Sacude’, el grupo ha desempolvado algunas de sus canciones más icónicas. Apenas están en su tercer disco, pero ya tienen un puñado de canciones clave del nuevo rock o del indie. Empezando por ‘La Torre Picasso’, esa hija de ‘Free Bird’ o ‘Stairway to Heaven’, que sabe que a veces necesitas 9 minutos para llegar al clímax.

Antes de irse, repasaron canciones como ‘Exoplaneta’, ‘Los perros’, ‘Cariño’, ‘Qué vida tan dura’ o ‘La salvación’. Son grandes temas, pero lo cierto es que también evidencian lo mucho que han crecido como grupo en poco tiempo. Son canciones que ya tienen un espacio en la cultura pop de España, en particular ‘La salvación’, que se ha convertido en un himno en sí mismo.
A su modo, Arde Bogotá se ha vuelto la cara más reconocible de la nueva generación del indie y el rock español. De momento han conquistado un espacio propio y una identidad única. Aunque cargan el sonido de sus influencias a flor de piel, ya son generacionales, y la oportunidad de verlos en salas como se proponen en estos ‘Hervideros’ puede ser una de las últimas.
Publicado por: Ernesto Rodríguez Eiris






