La armonización de las normas sanitarias y la coordinación entre los organismos de sanidad animal de los países del Mercosur fueron señaladas como elementos fundamentales para mejorar la competitividad del sector agropecuario y facilitar el acceso de sus productos a los mercados internacionales. El planteamiento surgió durante un seminario realizado en el marco de la feria Expointer, en Porto Alegre, Brasil, con participación de representantes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
El encuentro fue organizado por la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), y puso sobre la mesa uno de los desafíos que enfrenta actualmente la producción agropecuaria regional: conseguir que las exigencias sanitarias de los cuatro países avancen hacia criterios compatibles, evitando que las diferencias normativas terminen convirtiéndose en obstáculos para el comercio.
La presidenta del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de Argentina (SENASA), María Beatriz Giraudo, sostuvo que los organismos sanitarios tienen una responsabilidad que va más allá del control. Según explicó, su función también debe contribuir a generar condiciones que permitan aumentar la competitividad comercial de los productores. En ese sentido, defendió la convergencia normativa y la simplificación de los procedimientos mediante herramientas digitales.
Desde la FARM, Jorge Andrés Rodríguez calificó la integración normativa del Mercosur como una agenda “estratégica y urgente”. Una de las razones señaladas durante el encuentro es la evolución de las regulaciones europeas que establecen nuevas exigencias para los productos agroalimentarios importados. Para los productores sudamericanos, cumplir con estos requisitos será cada vez más determinante para conservar y ampliar su presencia en mercados internacionales.
La cuestión sanitaria adquiere así una dimensión directamente vinculada con la economía. Un brote de enfermedad animal, una deficiencia en los controles o una diferencia entre las normas de los países pueden provocar restricciones comerciales, demoras, pérdidas de producción y mayores costos para productores y exportadores. Por ello, la prevención y la coordinación regional aparecen como herramientas para proteger tanto la producción como el comercio.
Durante el seminario, Fernando Schwanke, representante del IICA en Argentina, presentó el funcionamiento del Hub de sanidad agropecuaria e inocuidad de los alimentos, una plataforma regional destinada a fortalecer las capacidades de vigilancia, prevención y respuesta frente a riesgos sanitarios y fitosanitarios.
La herramienta busca favorecer el intercambio de conocimientos y capacidades entre instituciones, de manera que los países puedan responder con mayor rapidez ante amenazas que no respetan fronteras. Para el Mercosur, esta cooperación resulta especialmente relevante debido al intenso movimiento de animales, productos agrícolas y alimentos entre los países integrantes.
José Urdaz, responsable del programa de sanidad agropecuaria, bioseguridad e inocuidad y calidad de los alimentos del IICA, advirtió que el costo de no invertir en prevención puede ser considerable. Las enfermedades animales y las amenazas fitosanitarias pueden generar pérdidas productivas, económicas y comerciales que superan ampliamente los recursos necesarios para establecer sistemas adecuados de vigilancia y prevención.
El especialista destacó además experiencias recientes que demuestran la dimensión regional del problema. El IICA trabaja actualmente frente a la reaparición de la Peste Porcina Africana en la isla La Española y ante el regreso del Gusano Barrenador del Ganado en Centroamérica, dos situaciones que demandan coordinación entre autoridades, productores y organismos especializados para impedir una mayor expansión.
Para el Mercosur, la discusión llega en un momento en que la producción agropecuaria tiene un peso creciente en la inserción internacional del bloque. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se encuentran entre importantes productores y exportadores mundiales de carne, granos y otros alimentos, por lo que cualquier modificación de las exigencias sanitarias internacionales puede tener un impacto directo sobre sus economías.
La digitalización de los controles aparece, en este escenario, como otra pieza estratégica. La interoperabilidad de los sistemas, el intercambio rápido de información y la reducción de trámites pueden facilitar el movimiento de productos sin disminuir los niveles de control. El desafío consiste en conseguir que la modernización administrativa avance simultáneamente con la capacidad técnica de los organismos sanitarios.
La cooperación también puede permitir que los países del bloque tengan una posición más coordinada frente a terceros mercados. Una región con criterios sanitarios compatibles puede ofrecer mayores garantías sobre la trazabilidad, inocuidad y calidad de sus alimentos, fortaleciendo la confianza de compradores internacionales.
El debate desarrollado en Expointer dejó, por tanto, un mensaje que trasciende al sector rural: la integración del Mercosur no depende únicamente de acuerdos comerciales, infraestructura o reducción de aranceles. También necesita sistemas sanitarios coordinados capaces de proteger la producción regional y garantizar que los alimentos del bloque puedan competir en mercados cada vez más exigentes.
La sanidad agropecuaria se convierte así en una pieza fundamental de la política comercial del Mercosur. Prevenir enfermedades, armonizar normas, digitalizar procedimientos y compartir información puede significar no solo proteger a los productores, sino también preservar empleos, inversiones y mercados para toda la región.
Foto: IICA
La entrada Mercosur: la integración sanitaria gana protagonismo para fortalecer el comercio agropecuario regional se publicó en Prensa Mercosur.
Publicado Por: Gilson Dantas Carmini








