
El Ecuador agoniza en la penumbra, víctima de una ruleta rusa climática. Atamos el latido de la nación y el crecimiento del turismo, a la misericordia del cielo, cuando el 72% de nuestra matriz eléctrica depende del agua de una sola vertiente amazónica; si esta se seca, el país entra en pánico. No es castigo divino, sino la destrucción sistemática de nuestras cuencas y bosques andinos por administraciones negligentes. El agua, en vez de filtrarse en los bosques y alimentar ríos constantes, resbala en aluviones destructivos que arruinan carreteras, paisajes y la conectividad que sostiene al turismo. Sin agua ni energía, no hay hospitalidad posible.
Guerra contra el vidrio simple: Hotelería eficiente
Mientras imploramos lluvias, ignoramos la hemorragia energética dentro de nuestros edificios. La industria del turismo y la construcción nacional enfrentan un problema crítico: somos coladores térmicos. En la Costa y Galápagos, el calor asfixiante dispara aires acondicionados al máximo para atender al huésped, devorando la poca red disponible; en la Sierra, el frío obliga al uso excesivo de calefactores o leña de bosques que desaparecen y en vez de retener agua, crean riadas destructivas de cultivos en las zonas bajas.
La solución urgente es exigir el doble vidrio hermético (DVH) en toda nueva edificación pública, privada y complejo hotelero, a la vez que, subsidiar un porcentaje del cambio de ventanas en los hogares de todo el Ecuador. Este escudo térmico reduce entre un 20% y un 30% el consumo de climatización, garantizando confort acústico y térmico de estándar europeo. Blindar nuestras casas y destinos turísticos no solo ahorrará megavatios, sino que posicionará al Ecuador como un eco destino, frente a un mercado global exigente en términos de sostenibilidad.
Espejismos con ruedas
Resulta un contrasentido subsidiar y promover vehículos eléctricos con baterías gigantes que saturan una red colapsada, robando electricidad a los destinos turísticos que no garantizan energía ni para conservar los alimentos de sus restaurantes. La movilidad eléctrica solo tiene sentido, si la matriz que la alimenta, no asfixia los demás servicios esenciales.
Dragones dormidos y turismo termal
Vivimos una paradoja de fantasía oscura. Custodiados por más de 90 volcanes, dormimos sobre 1 500 MW de energía geotérmica inagotable. Mientras otros países perforan y consiguen energía geotérmica que forja electricidad, litio y crean complejos de turismo termal y bienestar de categoría mundial, aquí apenas balbuceamos con micro proyectos como el de Chachimbiro. La geotermia, sumada a los 2 000 MW de potencial eólico en Loja, Chimborazo, Manabí, y la radiación solar perpendicular que baña nuestras cuatro regiones todo el año, permitiría salir del desquicio de la actual matriz energética y crear parques eco-geo-turísticos basados en energías limpias.
El precio de la oscuridad
La transición energética no es un tema técnico, sino la garantía de que el país siga funcionando y recibiendo al mundo. Cada apagón ahuyenta visitantes, aumenta la inseguridad, encarece la operación y golpea a los destinos y sus atractivos. El turismo no vive de promesas en la penumbra, vive de infraestructura resiliente, eficiencia real y la inteligencia para aprovechar la riqueza y energía natural, que tenemos bajo los pies, en el aire y en el implacable y confiable inti.
https://www.elcomercio.com/opinion/ruleta-rusa-agua-turismo-ecuatoriano-guido-calderon-columnista/
Fuente Prensa Mercosur.
Publicado por: Redacción Central






